273. DESILUSIÓN

Comprender que aquello a lo que hasta ahora habíais llamado amor no era tal, es una de las percepciones más importantes. Cuando esto acontece, muchas cosas se hacen factibles.

La gente no deja de pensar que ama, y esa se convierte en su mayor ilusión… v cuanto antes se desilusione, mejor. El amor es algo tan raro que no puede estar tan fácilmente disponible para todos. Es tan raro como llegar a ser un Buda, nada menos.

La percepción de que no conocéis el amor es buena, pero os entris­tecerá, os volverá taciturnos. Sin embargo, no os preocupéis, porque la mañana nace de una noche oscura. Cuanto más oscura es la noche, más cerca está la mañana. Os sentiréis muy, muy sombríos y tristes porque sea lo que fuere que creíais que era amor, no lo era, y habéis vivido en un ensueño, perdiéndoos la realidad. Cuando comprendéis esto, os ponéis muy tristes, casi morís.

No intentéis escapar de ese estado. Relajaos en él, dejad que esa tris­teza os ahogue y no tardaréis en salir de ella completamente renovados. La tendencia humana es no permitirlo, es escapar de él: ir a un res­taurante, al cine, a reuniros con amigos para hablar de tonterías, hacer algo para estar ocupados y poder escapar de ese estado. Pero si escapáis, os volvéis a perder algo que iba a suceder. Entregaos a él.

272. IRA Y DOLOR

La ira surge como una protección contra el dolor. Si alguien os hace daño, os enfadáis para vuestro ser contra el dolor. De modo que cada dolor es suprimido por la ira… capas, capas de ira encima del dolor.

Seguid trabajando en la ira, y de pronto, en cualquier momento, sen­tiréis que la ira ha desaparecido… que os ponéis tristes, no iracundos. La atmósfera cambiará de ira a tristeza, y cuando suceda, podréis estar segu­ros de que os halláis cerca del dolor; entonces el dolor estallará.

Es como si excaváramos un agujero en la tierra para hacer un pozo. Primero tenemos que extraer la tierra y muchas capas de piedra, y luego brota el agua. Al principio no está limpia, sino embarrada; luego, poco a poco, comienzan a estar disponibles fuentes más limpias. Primero llega­rá la ira, que posee muchas capas, como la tierra. Luego llegará la triste­za como el agua embarrada, y entonces accederéis al dolor, a un dolor puro, limpio. Y el dolor puro es tremendamente hermoso, porque de inmediato os proporcionará otro nacimiento.

271. VIEJA Y MEZQUINA

La mente no deja de encogerse… a medida que envejecéis, la mente se vuelve más y más pequeña y más, más mezquina. No es fortuito que la gente mayor se vuelva un poco mezquina.

Hay tantas personas mayores que siempre están enfadadas, irritadas, molestas, sin motivo en particular, y ello se debe a que han perdido el corazón en su vida. Han vivido sólo con la mente, que no conoce ningún camino para expandirse; únicamente sabe encogerse, algo que nunca deja de hacer. Cuanto más sabéis, más pequeña la mente que tenéis. La persona ignorante posee una mente mayor que la persona culta, porque no tiene nada en la mente. No hay espacio. La persona instruida está demasiado llena de conocimiento; carece de espacio. Pero el cora­zón es otro nombre del espacio interior.

Así como existe el espacio exterior -el cielo sin barreras, sin lími­tes-, de la misma manera el cielo interior carece límites. Ha de ser así: si el exterior es infinito, el interior no puede ser finito. Debe equilibrar el exterior; es su otro polo. El cielo interior es tan grande como el exterior, de la misma proporción.

La meditación no tiene que suceder en la cabeza… no puede suceder allí, y sea lo que fuere lo que tenga lugar allí, no es más que una imita­ción de la meditación. No es ni verdad ni real; lo real siempre acontece en el corazón. Así que recordadlo: cuando hablo de despertar, hablo del despertar del corazón. No debe entenderse únicamente como una doc­trina; ha de experimentarse, ha de convertirse en vuestra estado existencial.

270. IGNORANCIA

Al ignorar de lo interior uno permanece ignorante. No soslayar lo interior es el comienzo de la sabiduría. Me gusta la palabra ignorancia. Significa que algo ha sido soslayado, dejado atrás… no le habéis prestado atención.

Algo hay ahí -siempre ha estado ahí-, pero lo habéis descuida­do. Quizá se lo puede soslayar con facilidad porque siempre está ahí. Siempre soslayamos aquello que siempre está ahí; siempre tomamos nota de lo nuevo porque lo nuevo aporta cambio. El perro sigue sentado si nada se mueve a su alrededor… puede descansar, puede soñar. Pero en cuanto algo se mueve de inmediato se pone alerta. Aunque sólo sea una hoja muerta, empezará a ladrar. Ese es exactamente el estado de la mente; toma nota únicamente cuando algo cambia, y luego vuelve a quedarse dormida.

Y nuestro tesoro interior siempre ha estado con nosotros. Es muy fácil de ignorar; hemos aprendido a hacerlo. Ese es el significado de la palabra ignorancia.

Dejad que vuestra búsqueda sea el comienzo de no soslayar lo inte­rior, y el despertar se producirá por sí solo. Y cuando el amor despierta, la vida posee un sabor totalmente diferente. Adquiere el sabor del néctar, de la inmortalidad.

269. TRUCOS DE LA MENTE

Este es el problema de todos los buscadores espirituales. Tarde o temprano la mente empieza a jugar malas pasadas.

Alguien verá luces, otro empezará a oír sonidos, alguien comenzará a experimentar otra cosa. Y el ego dice: «Esto es algo grande… sólo te sucede a ti. Es raro. Eres especial, por eso te sucede a ti». Y uno empieza a cooperar.

No le prestéis mucha atención… ¡desentendeos de ello! Uno ha de vaciarse por completo. La única experiencia espiritual que merece la pena llamar espiritual es la experiencia de la nada, del vacío… lo que los sufíes llaman fana, la desaparición del ego. Esa es la única experiencia espiri­tual… lo demás son simples trucos de la mente. Y la mente es capaz de crear muchas cosas. Puede empezar a alucinar, puede tener visiones, Cristo y Buda… La mente posee la capacidad de soñar… se puede soñar incluso con los ojos abiertos. Cuando veis a Jesucristo delante de vos­otros, ¿cómo no creerlo? Pero Jesucristo no está delante de vosotros… es vuestra proyección.

Por eso los maestros zen dicen: «¡Si te encuentras con Buda en el camino, mátalo!». Tienen razón. Parece sacrílego, muy irrespetuoso decir que si os encontráis con Buda en el camino tenéis que matarlo, pero es muy cierto. En el camino conoceréis a Buda, a Jesucristo o a Mahoma… eso no es lo importante. Os encontraréis con cualquier cosa para la que hayáis sido condicionados en la infancia. Aparecerán los gran­des maestros espirituales y los lamas tibetanos, y veréis que está suce­diendo algo importante. Y encontraréis a personas necias que os apre­ciarán. Dirán: «Sí… Tu rango sube más y más cada día, estás llegando a puestos más elevados». No escuchéis a esas personas.

268. PERMITIR

El gran secreto de la ciencia espiritual es permitir que algo acontezca sin hacerlo. Se requiere una gran comprensión y conciencia para dejar que las cosas sucedan.

Por nuestra parte no es necesaria ninguna acción, porque hagamos lo que hagamos, sale de nuestras mentes confusas; lleva la huella de todo lo que tenemos en ella. No puede ser algo realmente profundo, porque la mente en sí misma es muy superficial.

Al ver y comprender esto, surge un nuevo enfoque… el enfoque del desprendimiento. El gran secreto de la ciencia espiritual es permitir que algo acontezca sin hacerlo. Se requiere una gran comprensión y percep­ción para dejar que las cosas sucedan. La mente sufre una constante ten­tación de interferencia. Aporta sus deseos, quiere las cosas conforme a sí misma, y ahí radica todo el problema. Somos partes diminutas de esta vasta existencia. Poseer alguna idea de lo propio es una idiotez. Es exac­tamente el sentido de la palabra idiota, literalmente… poseer una idea de lo propio.

Es como si una ola en el océano tratara de hacer algo por su propia cuenta. Es una simple parte de un vasto océano. No es ni independien­te ni dependiente. Igual que nosotros, y si lo entendemos, entonces des­aparece toda la ansiedad. En ese momento ya no queda adónde ir, no hay objetivo que alcanzar y no existe la posibilidad de fracasar o verse frustrado. Se experimenta una gran relajación… ese es el significado de entregarse, de confiar. La vida adquiere un color totalmente nuevo. Carece de la tensión que por lo general está presente. Se vive relajada­mente, tranquilo y calmado, en casa.

267. VELOCIDAD

Cada uno posee su propia velocidad y debería moverse conforme a ella, a aquello que es natural para vosotros.

Una vez que alcancéis vuestro propio ritmo, podréis hacer mucho más. No será turbulento, irá con suavidad y podréis hacer mucho más. Hay trabajadores lentos, pero la lentitud posee sus propias cualidades. Y de hecho estas son mejores. Un trabajador veloz puede ser cuantitati­vamente bueno. Podrá producir más, cuantitativamente hablando, pero cualitativamente nunca podrá ser muy bueno. Un trabajador lento es cualitativamente más perfecto. Toda su energía penetra en una dimen­sión cualitativa. La cantidad quizá no sea mucha, pero eso tampoco es lo que realmente importa.

Si podéis hacer algunas cosas, cosas realmente hermosas, casi perfec­tas, os sentís muy felices y satisfechos. No hay necesidad de hacer muchas. Incluso si podéis hacer una sola cosa que os satisfaga totalmente, es sufi­ciente; vuestra vida está realizada. Podéis seguir haciendo muchas cosas sin que nada os deje satisfechos y todo os ponga enfermos. ¿Qué senti­do tiene?

Hay que entender algunas cosas básicas. No existe nada llamado naturaleza humana. Hay tantas naturalezas humanas como seres huma­nos, de modo que no hay criterio.

Previous Older Entries

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.