304. ATADOS

Si estáis arraigados en el amor, estáis arraigados. No hay ninguna otra manera de estarlo.

Podéis tener dinero, una casa, seguridad, un buen saldo bancario; eso no os proporcionará raíces. No son más que sustitutos pobres del amor. Incluso puede incrementar vuestra ansiedad, porque en cuanto tenéis seguridad física -dinero o rango social-, teméis más y más que os pue­dan quitar esas cosas. O empezáis a preocuparos con tener más y más, ya que el descontento no conoce límite. Y vuestra necesidad básica era estar arraigados.

El amor es la tierra donde uno necesita estar arraigado. Así como los árboles están arraigados en la tierra, el hombre lo está en el amor.

Las raíces del hombre son invisibles, de modo que nada visible os va a ayudar. El dinero es muy visible, una casa es muy visible, el rango social es muy visible. Las raíces del hombre son invisibles. El hombre es un árbol con raíces invisibles. Tendréis que encontrar algo de tierra invisible -llamadlo amor, devoción, plegaria-, pero va a ser algo así… invisible, intangible, elusivo, misterioso. No podéis atraparlo. Todo lo contrario, deberéis permitirle que os atrape a vosotros.

303. HISTORIA

La historia es tan fea. El hombre no ha llegado al nivel en que debería comenzar la historia. Todo ha sido una pesadilla.

La humanidad aún no tiene nada que escribir sobre sí misma… sólo unos pocos casos; en alguna parte un Buda, un Jesucristo… como estre­llas distantes.

La humanidad ha vivido con violencia, guerras y locura, de modo que en cierto sentido sería bueno que olvidarais el pasado. Es demasia­do pesado y no ayuda. De hecho, corrompe la mente. Mirar hacia el pasado da la impresión de que el hombre no puede crecer. Hace que las cosas parezcan perdidas.

Aún no merece la pena escribir o leer sobre historia. Y pensar en ella no es bueno. Sólo se ocupa del pasado. De los muertos. De aquello que ya no es. Nuestra ocupación debería ser con lo que existe ahora, en este mismo momento.

Y no olvidéis únicamente la historia, sino también vuestra biografía, e iniciad los días cada mañana como si fueran completamente nuevos, como si nunca antes hubierais existido. De eso se trata la meditación: empezar cada momento corno algo nuevo, fresco como el rocío, sin saber nada del pasado. Cuando no sabéis nada del pasado y no portáis nada de él, no proyectáis ningún futuro. No tenéis nada que proyectar. Cuando el pasado desaparece, lo mismo le sucede al futuro. Están uni­dos. Entonces sólo queda el presente puro. Y eso es eternidad pura.

302. REENCARNACIÓN

El concepto oriental de la reencarnación es hermoso. No es importante que sea cierto o no. Os aporta una actitud muy relajada hacia la vida.

Eso es lo que cuenta.

En Occidente hay demasiadas prisas debido a ese concepto cristiano de que sólo hay una vida, y que con la muerte desaparecéis y no seréis capaces de volver. Eso ha creado una idea muy descabellada en la mente de las personas. De modo que todo el mundo tiene prisa, va a toda velocidad.

A nadie le preocupa adónde va; lo importante es ir más deprisa, nada más. Así que nadie disfruta de nada, porque, ¿cómo podéis disfrutar a semejante velocidad? La totalidad de la vida se ha convertido en algo parecido a un atropello y fuga.

Para disfrutar de algo es necesaria una actitud muy relajada. Para dis­frutar de la vida se necesita la eternidad, de lo contrario no se puede dis­frutar. ¿Cómo podéis disfrutar cuando la muerte va a llegar tan pronto? Uno intenta disfrutar tanto como puede, pero en ese mismo esfuerzo se pierde toda la paz, y sin paz no hay gozo. El júbilo sólo es posible cuan­do disfrutáis muy lentamente de las cosas. Únicamente es posible disfrutar cuando se dispone de suficiente tiempo que perder.

El concepto oriental de la reencarnación es hermoso. No es impor­tante que sea cierto o no. Os aporta una actitud muy relajada hacia la vida. Eso es lo que cuenta. A mí no me preocupa la metafísica. Tal vez sea verdad, tal vez no; esa no es la cuestión. Para mí es irrelevante. Pero os proporciona un fondo muy hermoso.

301. PADRES

Siempre es bueno llegar a un entendimiento con los padres.

Es una de las cosas básicas. Gurdjieff solía decir: «A menos que estéis en buena comunión con vuestros padres, habéis errado vuestra vida». Si persiste cierta ira entre vosotros y vuestros padres, jamás os sentiréis cómodos. Allí donde estéis, os sentiréis un poco culpables. Jamás seréis capaces de olvidar y de perdonar. Los padres no son sólo una relación social. Habéis venido de ellos. Formáis parte de ellos, sois una rama de su árbol. Aún estáis arraigados en ellos.

Cuando los padres mueren, algo muy arraigado muere en vuestro interior. Cuando los padres mueren, os sentís solos por primera vez, des­arraigados. De modo que mientras están vivos, deberíais hacer lo nece­sario para que surja entendimiento y os podáis comunicar con ellos y ellos con vosotros. Entonces las cosas se asientan y las cuentas se saldan. Y cuando abandonen el mundo -se marcharán algún día-, no os sen­tiréis culpables, no os arrepentiréis; sabréis que las cosas están aclaradas. Ellos han sido felices con vosotros; vosotros habéis sido felices con ellos.

300. LA LLAVE MAESTRA

La clave es la aceptación total. Es la llave maestra; abre todas las puertas.

No hay cerradura que no se pueda abrir con la aceptación; sencillamente encaja en todas… ya que en cuanto aceptáis algo determinado, en vuestro ser se ha iniciado una transformación, porque no hay conflicto. No sois dos. En la aceptación os habéis convertido en uno, os habéis transformado en una unidad.

Recordad vuestra unidad, vuestra complejidad. Es hermosa. Los deseos son hermosos. La pasión es buena… si la aceptáis, se convertirá en compasión. Si aceptáis los deseos, poco a poco veréis que la misma ener­gía se va transformando en algo sin deseos. Es la misma energía que esta­ba involucrada en los deseos. Cuando los aceptáis, poco a poco os relajáis, perdéis la tensión y la energía comienza a fluir con más naturalidad. Empezáis a ver las cosas como son. No estáis muy involucrados con este o aquel deseo. Lo habéis aceptado, de modo que no hay problema.

Todo lo que llamáis deseo se convertirá en aceptación de los deseos. En este momento es como el carbón. Puede ser transmutado en dia­mantes; se convierte en algo precioso. Sólo imaginaos en un hombre sin deseos; será impotente. De hecho no estará vivo porque, ¿cómo vivirá sin deseos? De modo que la aceptación de los deseos no es algo negativo. Es la última seguridad de todos los deseos. Conocidos, entendidos, vivi­dos, experimentados, habéis ido más allá de ellos. Habéis alcanzado la mayoría de edad.

299. SOMBRA

Nadie puede matar al ego, porque el ego no es. Si estuviera allí, ya habríais podido matarlo. Es una sombra… no se puede matar a una sombra.

Hasta luchar con una sombra es una necedad, os derrotaría… y no porque sea muy poderosa, ¡sino porque la sombra no es! Si empezáis a pelear con una sombra, ¿cómo podéis ganar? Es algo no existencial; lo mismo le sucede al ego.

El ego es la sombra del yo. Así como el cuerpo crea una sombra, el yo también la crea. No podéis luchar con ella ni tampoco matarla; de hecho, el que quiere matar es el ego.

Uno solo puede entender. Si queréis matar a la sombra, llevad luz y desaparecerá; aportad más conciencia y el ego se desvanecerá.

298. RITMO CORPORAL

Es muy importante comprender el ritmo corporal. Y no se puede cambiar. Se establece en cuanto nacéis.

Vigilad vuestro ritmo. Si tenéis ganas de iros pronto a la cama, hace­dlo v levantaos temprano por la mañana. Cuando hayáis entendido qué tiempo es el que os va bien, será mejor que mantengáis una regularidad. Si a veces no os es posible ser regulares, no pasa nada, pero no convirtáis la irregularidad en una rutina.

Se han llevado a cabo muchas investigaciones sobre el ritmo corpo­ral, y parece que no existe la posibilidad de cambiarlo. Es algo que está en las mismas células; las células están programadas.

Hay pájaros que se quedan dormidos cuando se pone el sol. Se los trasladó a cámaras artificiales y se los quiso engañar. Cuando en el exterior era de noche, en la cámara había luz, y cuando fuera era de día, reinaba la noche en la cámara. Se los mantuvo allí durante meses. Se convirtieron en aves neuróticas -empezaron a suicidarse o a matarse entre sí-, pero no se les pudo alterar el ritmo corporal.

Se dormían durante el día en la cámara y despertaban cuando allí imperaba la noche. Y, desde luego, resultó muy extraño para sus cuerpos estar despiertos por la noche… comenzaron a sentir algo extraño y eso empezó a repercutir en sus sistemas.

Así que simplemente seguid vuestros ritmos corporales.

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