90. MIEDO A LA MUERTE

No hay necesidad de temerle a la muerte. Va a suceder; es la única certeza que hay en la vida. Todo lo demás es inseguro, así que, ¿por qué preocuparse por la certeza?

Y es una certeza absoluta. El cien por cien de las personas muere… no el noventa y nueve, sino el cien por cien. No importan los desarrollos científicos y los avances de la ciencia médica, da igual en lo referente a la muerte de las personas: el cien por cien de las personas muere, igual que solía morir hace diez mil años. El que nace, muere; no hay excepción.

Así que podemos olvidarnos por completo de la muerte. Va a acon­tecer, de modo que cuando suceda, estará bien. ¿Qué diferencia hay cómo suceda… si tenéis un accidente o simplemente morís en la cama de un hospital? No importa. En cuanto asimiléis el punto de que la muerte es segura, cómo y dónde se muere sólo son formalidades. La única cosa real es que uno muere. Poco a poco aceptaréis ese hecho. La muerte debe ser aceptada. No tiene sentido negarla; nadie ha sido capaz jamás de negarla. ¡Así que relajaos! Disfrutad… mientras estéis vivos, disfrutad completamente; y cuando llegue la muerte, disfrutad también.

89. ACCIDENTES

Pensad siempre en el lado positivo de las cosas: se produjo el accidente, pero aún seguís con vida, de modo que habéis trascendido dicho accidente.

No prestéis demasiada atención a los accidentes. Más bien fijaos en que habéis sobrevivido. Eso es lo real. Habéis derrotado a los accidentes y sobrevivido. Así que sobreviviréis; no hay nada de qué preocuparse. Pensad siempre en el lado positivo de las cosas: se produjo el accidente, pero aún seguís con vida, de modo que habéis trascendido dicho acci­dente. Disteis prueba de vuestro valor, demostrasteis ser más fuertes que el accidente.

Aunque puedo entender que surja el temor si esas cosas se repiten una y otra vez. Si caéis en pozos o cosas por el estilo, sin duda en vues­tra mente surgirá el miedo a la muerte. Pero de todos modos la muerte acontecerá, caigáis o no en un pozo. El lugar más peligroso que debéis evitar, si queréis evitar a la muerte, es vuestra cama, porque el noventa y nueve por ciento de las muertes tienen lugar allí… ¡rara vez en un pozo!

No saltéis a la cama, porque es allí donde muere la gente. Evitadla. Pero ¿cómo podéis evitar la cama? De modo que no tiene sentido estar preocupados. De todos maneras la muerte va a acontecer; no importa cómo suceda. Y si hay que elegir entre la cama y el pozo, creo que este último es mucho mejor; tiene algo estético.

88. TRABAJAD CON EQUILIBRIO

El mejor arreglo es trabajar en el mundo pero sin perderse en él. Trabajad durante cinco o seis horas y, luego olvidaos de todo. Dad al menos dos horas a vuestro desarrollo interior; unas pocas horas a vuestra relación, al amor, a los niños, a los amigos, a la sociedad.

Vuestra profesión sólo debería ser una parte de la vida. No debería solaparse en todas las dimensiones de vuestra vida, como sucede por regla general. Un médico se convierte en un médico durante casi las veinticuatro horas. Piensa en ello, habla de ello. Incluso cuando come es un médico. Mientras hace el amor con su mujer, es médico. Entonces es una locura; es enfermizo.

Para evitar esto, la gente escapa. Entonces se convierte en buscadora las veinticuatro horas del día. Una vez más, comete el mismo error de ser algo las veinticuatro horas al día.

Todo mi esfuerzo radica en ayudaros a estar en el mundo y, sin embargo, a ser buscadores. Desde luego es más difícil, porque habrá más desafío y situaciones. Es más fácil ser un médico o un buscador. Será complicado ser ambas cosas, porque eso os proporcionará muchas situa­ciones contradictorias. Pero una persona crece cuando tiene ante sí situa­ciones contradictorias. En la agitación, en ese choque de contradicciones, nace la integridad.

Mi sugerencia es que trabajéis de seis a ocho horas y que las dieciséis horas restantes no seáis médicos. Emplead dichas horas para otras cosas: para dormir, para la música, la poesía, la meditación, el amor o para hol­gazanear.

También eso es necesario. Si una persona se vuelve demasiado sabia v no puede holgazanear, se torna pesada, sombría, seria. Se pierde la vida.

87. COMO UNA BRISA

Así como viene, se va; no podéis contenerla ni aferraros a ella. No existe modo de hacerlo.

La brisa llega como un susurro. No hace ruido ni proclamas; llega muy silenciosamente, no podéis oírla… de pronto está ahí. Y así es como llega Dios, la verdad, la felicidad, el amor… todos llegan como un susu­rro, sin trompetas ni redobles de tambor. De pronto llegan sin siquiera tener una cita, sin preguntaros si pueden entrar. De repente están ahí. Y así es como llega la brisa: hace un momento no está, y al siguiente la tenéis ahí.

Y lo segundo es que así como viene, se va; no podéis contenerla ni aferraros a ella. No existe modo de hacerlo. Disfrutadla mientras esté ahí, y cuando se vaya, dejadla. Dadle las gracias por haber aparecido. No sin­táis ningún encono ni ninguna queja. Cuando se va, se va; no se puede hacer nada al respecto.

Pero a todos nos gusta aferrarnos. Cuando llega el amor somos muy felices, pero cuando se va, nos sentimos muy dolidos. Eso es ser muy inconscientes, desagradecidos, es no saber comprender.

Recordad, viene de una manera y ahora se va del mismo modo. No pidió permiso para venir… ¿por qué debería preguntar si puede irse? Fue un regalo del más allá… misterioso, y ha de irse de igual forma misteriosa.

Si uno se toma la vida como una brisa, entonces no se aferra ni se apega a ella, no hay obsesión, uno simplemente permanece disponible, y cualquier cosa que suceda es buena.

86. DECISIONES

Responded a este momento. Eso es la responsabilidad. En este momento, enfrentadlo y decidid.

A alguien le gustaría casarse con vosotros. Os desconcierta saber si debéis contestar que sí o que no, así que recurrís al I Ching.

Es vuestra vida… ¿por qué dejársela para que decida por vosotros a alguien que escribió un libro hace cinco mil años? Es mejor decidir por vuestra propia cuenta. Aunque erréis y os extraviéis, entonces también es mejor decidir por vuestra propia cuenta. Y aunque no os extraviéis y ten­gáis una vida más exitosa a través del I Ching, entonces eso tampoco es bueno, porque estáis eludiendo la responsabilidad.

Y uno crece a través de la responsabilidad. Asumidla. He aquí algu­nas formas de evitarla: algunos se la otorgan a Dios, otros al karma, unos al destino, otros al I Ching, pero la gente no para de entregárse­la a otra persona.

Una persona se transforma en espiritual cuando carga con toda la res­ponsabilidad sobre sus propios hombros.

La responsabilidad es tremenda, y vuestros hombros son débiles, lo sé. Pero cuando la asumís, se vuelven más fuertes. No hay otra manera de que vuestros hombros crezcan y se tornen más fuertes. Si jugáis con el I Ching y os sentís bien, no hay nada de malo en ello. Pero he de deci­ros que tampoco hay nada de bueno. No es más que un juego… disfru­tadlo, es un juego de la mente. Y algún día tendréis dejarlo.

85. RIVALIDAD ENTRE HERMANOS

Una madre podría amar más a un niño y menos al otro. Hay favoritos, porque la madre también es humana. No podéis esperar que ame de forma absolutamente igual; no es posible.

Los niños son muy perspicaces. De inmediato son capaces de ver que alguien es más o menos querido, y que la pretensión de la madre de amarlos por igual es falsa. Entonces surge un conflicto, una lucha y una ambición internas.

Cada niño es diferente. Alguien tiene mucho talento, otro no. Alguien tiene talento para la música, otro no. Alguien tiene talento para las matemáticas, otro no. Alguien es físicamente más hermoso que el otro o uno posee un determinado encanto de personalidad que al otro le falta. Entonces surgen más y más problemas, y se nos enseña a ser ama­bles, nunca a ser sinceros.

Si a los niños se les enseñara a ser sinceros, lo combatirían luchando, y luchando lo eliminarían. Estarían enfadados, se pelearían y se dirían cosas duras, y entonces habrían terminado, porque los niños se despren­den de las cosas con suma facilidad. Si están enfadados, estarán airados, encendidos, casi volcánicos, pero al siguiente instante se toman de la mano y todo queda olvidado. Son muy sencillos, pero no se les permite esa sencillez. Se les dice que sean amables, a cualquier precio. Se les pro­híbe estar enfadados con el otro: «Es tu hermana, es tu hermano. ¿Cómo puedes estar enfadado,».

Esas iras, esos celos y esas mil y una heridas se van acumulando. Pero si podéis enfrentaros con ira o celos verdaderos y podéis permitiros el expresarlos… inmediatamente después, siguiendo su estela, surgirá un amor y compasión profundos. Y eso será lo auténtico.

84. QUIZÁ

Dudad más. Emplead más el «quizá» y el «tal vez», y permitidle a los otros toda la libertad para decidir por su propia cuenta.

Cuidad cada palabra que digáis. Nuestra lengua y nuestra manera de hablar son tales que, adrede o inadvertidamente, realizamos declaracio­nes absolutas. Jamás hagáis eso. Utilizad más el «quizá». Dudad más. Emplead «tal vez» más, y permitidle al otro toda la libertad para decidir por su propia cuenta.

Probadlo durante un mes. Tendréis que estar muy alerta, porque hablar en términos absolutos es un hábito muy arraigado, pero con aten­ción se puede abandonar. Entonces veréis que las discusiones se desva­necen y ya no hay, necesidad de defender, nada.

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