59. LIBERTAD

La vida es insegura… eso significa que es libre. Si hay seguridad, entonces habrá esclavitud; si todo es seguro, entonces no habrá libertad.

Si el mañana está arreglado, entonces podéis tener seguridad, pero no libertad. De ese modo sois como robots. Tenéis que realizar deter­minadas cosas que están predestinadas. Pero el mañana es hermoso por­que representa absoluta libertad. Nadie sabe qué es lo que va a suceder. Nadie sabe si estaréis respirando, ni siquiera si estaréis vivos. De ahí su belleza, porque todo está en el caos, es un desafío, y todo existe como una posibilidad.

No esperéis consuelo. De lo contrario, seguiréis inseguros. Aceptad la inseguridad… y entonces desaparecerá y dejaréis de estar inseguros. No es una paradoja, es una sencilla verdad… paradójica, pero absolutamente cierta. Hasta ahora habéis existido, así que, ¿por qué preocuparos por el mañana? Si podéis existir hoy, si pudisteis existir ayer, el mañana también se encargará de sí mismo.

No penséis en el mañana y moveos con libertad. Una persona debería ser un caos relajado. Cuando lleváis una revolución en vuestro interior, cada momento aporta un mundo nuevo, una vida nueva… cada momen­to se convierte en un nuevo nacimiento.

58. PECADO

Reprimir cualquier cosa es un crimen: mutila el alma. Presta más atención al miedo que al amor, y eso es lo que es el pecado.

Prestar más atención del miedo es un pecado, prestar más atención del amor es una virtud. Y recordad siempre prestar más atención del amor, porque es a través del amor como se alcanzan las cumbres más ele­vadas de la vida, hacia Dios. Por el miedo no se puede crecer. El miedo mutila, paraliza: Crea un infierno.

Todas las personas paralizadas -me refiero psicológica y espiritual­mente paralizadas- viven la vida en el infierno. ¿Y cómo lo crean? El secreto radica en que viven en temor; sólo hacen algo determinado cuan­do no hay miedo, pero entonces no hay nada que merezca la pena hacer­se. Todo lo valioso está rodeado de ciertos temores. Si os enamoráis, hay miedo, porque podríais ser rechazados. El miedo dice: «No os enamo­réis, entonces nadie os rechazará». Eso es verdad -si no os enamoráis, nadie os rechazará jamás-, pero así llevaréis una existencia sin amor, que es mucho peor que ser rechazado. Y si alguien os rechaza, alguna otra persona os aceptará. La gente que vive con miedo piensa más en no cometer errores. No comete ningún error, aunque tampoco hace nada más; su vida está en blanco. No contribuye en nada a la existencia. Viene, existe, o más bien vegeta, y luego muere.

57. DEJAD A DIOS FUERA

¿Habéis oído la famosa historia del mulá Nasruddin?

El mulá había ahorrado para comprarse una camisa nueva. Lleno de entusiasmo fue a una sastrería. El sastre le tomó las medidas y dijo: «Vuelva dentro de una semana, y, si Alá lo permite, su camisa estará lista».

El mula se contuvo durante una semana y entonces regresó a la tien­da. «Ha habido un retraso, pero, si Alá lo permite, su camisa estará lista mañana.»

Al día siguiente, Nasruddin volvió. «Lo siento», dijo el sastre, «pero no está del todo terminada. Pruebe mañana, y, si Alá lo permite, estará lista». «¿Cuánto tiempo tardará si deja a Alá fuera de esto?», preguntó un exasperado Nasruddin.

Así que es mejor dejar a Dios fuera. Por lo general, siempre que des­conocemos algo, decimos: «¡Sólo Dios lo sabe!». De hecho, para ocul­tar que no lo sabemos, decimos: «¡Sólo Dios lo sabe!». Es mejor reco­nocer: «No lo sé», porque en cuanto decís: «Sólo Dios lo sabe», la igno­rancia adquiere el disfraz del conocimiento… Algo muy peligroso.

56. EN UNA CÁSCARA DE HUEVO

Cuando lográis salir de vuestro condicionamiento, sois hombres libres, sois sencillamente un ser humano. ¡Y esa es la verdadera libertad! Entonces no lleváis una corteza a vuestro alrededor. La cápsula se ha roto.

Cuando el pájaro está en el huevo, no puede volar… y esa es la situa­ción. Cuando un hombre es hindú, alemán, inglés o estadounidense, está en una cáscara de huevo. No puede volar, no puede desplegar las alas, no puede emplear esa tremenda libertad que pone a nuestra dispo­sición la existencia.

Hay una capa de condicionamiento sobre otra. Uno está condicio­nado como alemán, como cristiano, y así sucesivamente. Uno está con­dicionado como hombre y como mujer. No hablo de la diferencia bio­lógica… esta es correcta, no tiene nada que ver con el condicionamiento; pero el hombre está condicionado como un hombre. Continuamente recordáis que sois un hombre, que no sois una mujer, que tenéis que comportaros como un hombre… que no debéis llorar, que no tenéis que permitir las lágrimas, que eso es femenino, que no se espera de vosotros. Eso es un condicionamiento, una corteza a vuestro alrededor.

Un hombre verdaderamente libre no es hombre ni mujer… no es que desaparezca la diferencia biológica, lo que desaparece es la diferencia psi­cológica. Un hombre libre no es negro ni blanco; no es que el negro se vuelva blanco ni el blanco negro: la piel sigue como estaba antes, pero el color psicológico ya no está.

Cuando todas estas cosas se desprenden, os quedáis sin cargas. Camináis treinta centímetros por encima de la tierra; la gravitación ya no funciona para vosotros. Podéis abrir las alas y volar en cualquier momen­to, no hay limitación.

55. SENTAR LA CABEZA

Los amantes tienen miedo cuando las cosas marchan sobre ruedas. Empiezan a pensar que quizá el amor está desapareciendo.

Pero cuando el amor sienta la cabeza, todo marcha sobre ruedas. Entonces el amor se convierte en algo más parecido a una amistad… y eso posee una belleza propia. La amistad es la crema, la misma esencia del amor. ¡Sentad la cabeza! Y no os preocupéis por ello, porque enton­ces, tarde o temprano, empezaréis a causar problemas. La mente siempre quiere causar problemas, porque entonces se mantiene importante; cuando no hay problemas, pierde importancia.

La mente es como una comisaría. Si en la ciudad reina la calma y la tranquilidad, se siente mal: no hay robos, ni alborotos ni asesinatos… ¡nada! Cuando todo está silencioso y apacible, la mente tiene miedo, porque significa que si realmente sentáis la cabeza, la mente ya no será. Así que recordad esto. La mente ha de desaparecer, porque no es el objetivo. El objetivo es ir más allá de la mente. Así que ayudaos a estar en silencio y procurad que las cosas funcionen con suavidad. Si el otro empieza a sentir pánico, tratad de ayudarlo.

54. EXTRAVIARSE

Para conocer algo, hay que perderlo.

Todo el mundo se extravía de su mundo interior, de su espacio inte­rior, y poco a poco uno se siente hambriento, lo anhela. Surge el apeti­to, se siente la sed. Llega la llamada del yo más interior para regresar a casa y uno empieza a viajar. Eso es lo que significa ser un buscador.

Es ir al cálido espacio interior que abandonasteis un día. No estaréis ganando algo nuevo. Ganaréis algo que siempre estuvo ahí, pero, no obstante, será un beneficio, porque ahora por primera vez veréis lo que es. La última vez que estuvisteis en ese espacio erais ajenos a él.

No se puede ser conscientes de algo si se ha abandonado. De modo que todo está bien. Extraviarse también está bien. Pecar también está bien porque es el único modo de convertirse en santo.

53. RELACIONARSE

Cuanto más os centráis, más relajados os volvéis, y así existen más posibilidades de entrar profundamente en una relación.

De hecho, sois vosotros quienes entráis en una relación. Si no estáis ahí -tensos, tullidos, preocupados y fragmentados-, ¿quién va a aden­trarse en la relación? Debido a nuestra fragmentación, tememos aden­trarnos en una relación, entrar en capas más profundas, porque entonces nuestra realidad quedará revelada. Entonces tendréis que abrir el corazón, y este no es más que fragmentos. No hay una sola persona dentro de vos­otros… sois multitud. Si de verdad amáis a otro y abrís el corazón, el otro pensará que sois un público, no una persona… ese es el temor.

Esa es la causa de que las personas no dejen de tener relaciones casua­les. No quieren profundizar mucho; sólo quieren tocar la superficie y escapar antes de que algo se convierta en un compromiso. Entonces úni­camente se puede tener sexo… y este también empobrecido. Es superfi­cial. Sólo hay un encuentro de límites, pero eso no es amor… puede que una liberación corporal, una catarsis, pero nada más que eso.

Si una relación no es muy íntima, podemos mantener nuestras más­caras con facilidad… los rostros sociales funcionan bien. Entonces, cuando sonreís, no hay verdadera necesidad de que lo hagáis, ya que sólo sonríe la máscara. Si realmente queréis profundizar, entonces hay peligros. Deberéis ir desnudos… lo que significa con todos los problemas interio­res revelados ante el otro.

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