Todo hombre es un amor no nato, de ahí la desdicha, la angustia. Porque la semilla no puede sentirse satisfecha siendo semilla.
Quiere convertirse en árbol, quiere jugar con el viento, elevarse hacia el cielo… ¡es ambiciosa!
Cada ser humano nace con una gran ambición… la ambición es florecer en el amor. De modo que veo a cada ser humano como una posibilidad, un potencial, una promesa. Algo que no ha sucedido y que aún debe acontecer, y a menos que pase no puede haber satisfacción ni paz; habrá agonía, sufrimiento, desdicha.
Sólo cuando habéis llegado a un florecimiento en el que sentís que estáis realizados -que habéis alcanzado aquello para lo que habéis nacido, que habéis alcanzado vuestro destino, que ya no queda más-, sólo cuando la ambición desaparece por completo porque ha sido satisfecha, una persona es feliz, jamás antes.