Posteado por: willy | Febrero 10, 2010

41. MEDIOCRIDAD

Nunca os resignéis a una mediocridad, porque es un pecado contra la vida. Nunca pidáis que la vida carezca de riesgos, jamás pidáis seguridad, porque eso es pedir la muerte.

Muchas personas, casi el noventa por ciento, han decidido vivir en terreno llano, seguro, sin asumir ningún riesgo. Jamás caen en las pro­fundidades, nunca se elevan a las alturas. Su vida es aburrida, ordinaria, monótona, sin cumbres ni valles, sin noches ni días. Simplemente viven en un mundo gris, sin colores… el arco iris no existe para ellos. Llevan una vida gris, y poco a poco también ellas se vuelven grises y mediocres.

El mayor peligro es alcanzar las mayores cumbres de la divinidad y caer a las mayores profundidades del infierno. Convertíos en viajeros entre esos dos puntos, sin temor. Poco a poco llegaréis a entender que existe una trascendencia. Llegaréis a saber que no sois ni la cumbre ni la profundidad, ni la cumbre ni el valle. Llegaréis a saber que sois los obser­vadores, los testigos. Algo en vuestra mente alcanza la cumbre, algo en vuestra mente desciende al valle, pero algo que hay más allá está siempre ahí -vigilando, tomando nota de ello-, y ese algo sois vosotros.

Ambas polaridades están en vosotros, pero vosotros no sois ninguna, os eleváis muy por encima de ellas. El terreno es alto y bajo, tanto el cielo como el infierno están ahí, pero, de algún modo, vosotros os encontráis lejos de ambos. Simplemente observáis todo el juego, toda la actividad de la conciencia.

Posteado por: willy | Febrero 9, 2010

40. EN EL TRABAJO

Se debe recordar que a los compañeros de trabajo no les importa vuestra vida interior. Esa es tarea vuestra; ellos tienen su propia vida interior que desarrollar.

Tienen sus estados de ánimo negativos, sus problemas personales, ansiedades, como todo el mundo, igual que vosotros. Pero cuando os encontráis en una situación de trabajo con alguien, no es necesario que saquéis ese tema, porque si ellos empiezan a hablar de sus cosas negati­vas y vosotros los imitáis, será un proceso interminable. Simplemente tenéis que verlo.

Si os sentís negativos, haced algo. Por ejemplo, escribid algo muy, muy negativo y quemadlo. Id a la habitación de las terapias, golpead una almohada y tiradla. ¡Realizad un baile terrible! Tenéis que eliminarlo; es vuestro problema.

Y de vez en cuando es bueno llamar a quienquiera que sea que esté trabajando con vosotros y preguntarle si habéis sido negativos, si se sien­ten dolidos. Porque en ocasiones uno quizá no sepa que ha sido negati­vo. Pequeños gestos, una palabra, incluso un silencio, pueden hacer daño; el modo en que miréis puede hacer daño. Así que de vez en cuan­do llamadlos y pedid su perdón. Decidles: «Cada vez que os pregunto, tenéis que ser sinceros. Decídmelo, porque soy un ser humano y a veces las cosas pueden estar mal desde mi lado y he de enderezarlas».

Posteado por: willy | Febrero 8, 2010

39. LA MENTE ELÉCTRICA

La mente no para de cambiar de negativo a positivo, de positivo a negativo. Esas dos polaridades son tan básicas para la mente como lo son para la electricidad. Con un polo, la electricidad no puede existir igual que la mente.

De hecho, en lo más hondo, la mente es sutil electricidad; es eléctri­ca. Por eso el ordenador puede realizar su trabajo y a veces mejor que la mente humana. La mente es simplemente un bioordenador. Posee esas dos polaridades y continúa moviéndose.

De modo que el problema no es que a veces sintáis momentos mágicos y otras momentos oscuros. La oscuridad de los momentos sombríos será proporcional a la magia de los momentos mágicos. Si alcanzáis un pico más elevado de positivo, entonces llegaréis al más bajo del negativo. Cuanto más elevado sea el alcance del positivo, más baja será la profun­didad del negativo. Así que cuanto más alto lleguéis, más profundo será el abismo que tengáis que tocar.

Debéis entender lo siguiente: si tratáis de no tocar los peldaños más bajos, entonces los picos más elevados desaparecerán. Os moveréis en un terreno llano. Eso es lo que muchas personas han logrado hacer; teme­rosas de las profundidades, se han perdido las cumbres. Uno ha de correr riesgos. Tenéis que pagar por la cumbre, y ese precio es vuestra profun­didad, vuestros momentos bajos. Pero vale la pena. Incluso un momen­to en la cumbre, el momento mágico, vale una vida entera en las pro­fundidades más oscuras. Si podéis tocar el cielo un momento, podéis estar preparados para vivir el resto de la eternidad en el infierno. Y siem­pre es proporcionado, a medias, al 50 por 100.

Posteado por: willy | Febrero 7, 2010

38. INCONDICIONAL

En cuanto sabéis qué es el amor, estáis listos para dar; porque sabéis que cuanto más dais, más tenéis. Cuanto más le ofrezcáis a los demás, más irá surgiendo en vuestro ser

El amor jamás se molesta mucho en pensar si el otro es o no merece­dor de recibir. Esas son cosas mezquinas, actitudes mezquinas. El amor jamás es mísero.

La nube jamás se molesta en meditar si la tierra es merecedora de recibir su don. Llueve sobre las montañas, llueve sobre las rocas, llueve por doquier. Da sin poner ninguna condición, sin ataduras.

Y así es el amor: simplemente da, disfruta dando. Quienquiera que esté dispuesto a recibir, recibe. No necesita merecerlo, no necesita estar en una categoría especial, no necesita cumplir ningún requisito. Si todas estas cosas fueran necesarias, entonces lo que dais no es amor. Debe de ser otra cosa y aún desconocéis qué es el amor. En cuanto sabéis qué es el amor, estáis listos para dar; porque sabéis que cuanto más dais, más tenéis. Cuanto más le ofrezcáis a los demás, más irá surgiendo en vues­tro ser.

La economía corriente es totalmente diferente: si dais algo, lo per­déis. Si queréis tenerlo, evitad darlo. Recogedlo, sed mezquinos. Es el caso opuesto que con el amor: si queréis tenerlo, no seáis tacaños; de lo contrario, estará muerto, se estancará; apestará, morirá. Seguid dando, y se os manifestarán fuentes nuevas, corrientes frescas fluirán a vuestro ser. Cuando vuestro acto de dar es incondicional, total, la totalidad de la exis­tencia empieza a entrar en vosotros.

Posteado por: willy | Febrero 6, 2010

37. SEGURIDAD

No hay seguridad en ninguna parte. La vida es insegura, y no tiene fondo… es ilimitada.

En la misma petición de seguridad creáis el problema. Cuanto más pedís, más inseguros estaréis, porque la inseguridad es la misma natura­leza de la vida. Si no pedís seguridad, jamás estaréis preocupados por la inseguridad. Si empezáis a pedir que los árboles sean blancos, entonces habrá problemas. El problema lo creáis vosotros, no los árboles… estos son verdes y vosotros pedís que sean blancos. No pueden hacerlo, no pueden comportarse de esa manera.

La vida es insegura, el amor es inseguro. Y eso está bien, porque de lo contrario estaríamos muertos. La vida puede ser una seguridad sólo si estáis muertos; entonces todo es una certeza.

Debajo de una roca hay suelo. Bajo una flor no hay ninguno; la flor es insegura. Una leve brisa y la flor se puede dispersar, los pétalos pue­den caerse y desaparecer. Es un milagro que la flor esté ahí. La vida es un milagro, porque no hay razón para que sea. Es simplemente un milagro que vosotros seáis, porque de lo contrario hay muchos motivos para que no existierais.

La madurez os llega únicamente cuando aceptáis esto. Y no sólo lo aceptáis, sino que empezáis a disfrutar con ello.

Posteado por: willy | Febrero 5, 2010

36. NECESIDADES Y DESEOS

Los deseos son muchos, las necesidades pocas. Las necesidades se pueden satisfacer; los deseos, nunca. Un deseo es una necesidad que ha enloquecido. Es imposible satisfacerlo. Cuanto más lo intentáis, más pide y pide y pide.

Hay una historia sufi que cuenta que cuando Alejandro murió y llegó al cielo, iba cargado con todo su peso -su reino entero, oro, diaman­tes-, desde luego, no en realidad, simbólicamente. Iba demasiado car­gado por ser Alejandro.

El guardián de la puerta se puso a reír y preguntó: «¿Por qué llevas tanta carga?». Alejandro repuso: «¿Qué carga?». De modo que el guar­dián le dio una balanza y puso un ojo en un extremo. Le dijo a Alejandro que pusiera todo su peso, toda su grandeza, tesoros y reino en el otro extremo de la balanza. Pero ese único ojo seguía siendo más pesado que todo su reino.

«Este es un ojo humano», informó el guardián de la puerta. «Repre­senta el deseo humano. No se puede satisfacer, sin importar lo grandes que sean el reino y tus esfuerzos.» Entonces el guardián arrojó un poco de polvo sobre el ojo. Este de inmediato parpadeó y perdió todo su peso. Sobre el ojo del deseo hay que echar un poco de polvo de compren­sión. El deseo desaparece y únicamente permanecen las necesidades, que no son pesadas. Las necesidades son muy pocas y hermosas. Los deseos son feos y convierten en monstruos a los hombres. Crean personas dementes. En cuanto aprendáis cómo elegir lo apacible, una habitación peque­ña bastará; una cantidad pequeña de comida bastará; unas pocas prendas de vestir bastarán; un amante, un hombre muy corriente, podrá bastar como amante. Pero si continuáis pidiendo más y más, hasta el hombre más hermoso tarde o temprano estará acabado. Vuestro deseo continúa y continúa. No conoce fin.

1

Posteado por: willy | Febrero 4, 2010

35. CENTRARSE

No creéis ningún conflicto entre extraviaros y permanecer centrados. Flotad. Si sentís miedo de extraviaros, entonces existe más posibilidad de que lo hagáis… porque aquello que intentáis suprimir adquiere importancia.

Aquello que tratáis de negar se vuelve muy atractivo. Así que no creéis ninguna condena a extraviaros. De hecho, id con ello. Si acontece, dejad que suceda; no tiene nada de malo. Pasa por algún motivo. A veces incluso extraviarse es bueno.

Una persona que realmente quiera permanecer centrada no debería preocuparse por centrarse. Si os preocupáis, esa misma preocupación jamás permitirá que os centréis, porque la preocupación nunca puede estar centrada… necesitáis una mente no preocupada, relajada. De modo que extraviarse está bien, no tiene nada de malo.

Dejad de luchar con la existencia. Detened todo conflicto y la idea de conquista… rendíos. Cuando uno se rinde, ¿qué se puede hacer? Si la mente se extravía, id; si no va, también está bien. A veces estaréis cen­trados y a veces no. Pero en lo más hondo siempre permaneceréis cen­trados porque no hay preocupación. ¿Me seguís? De lo contrario, todo puede convertirse en una preocupación. Entonces extraviarse se convier­te en una especie de pecado que no se ha de cometer… y así se vuelve a crear el problema.

Aceptadlo, extraviaros… no hay nada de malo en ello.

Entradas antiguas »

Categorías